No me busques…

No me busques en los conflictos, ni bajo el humo ni entre las palabras vanas y vacías, ni tampoco en los discursos de exaltación de los mentirosos…

Búscame bajo la humedad de la niebla, sobre la escarcha blanca, entre las líneas de las  palabras de Nelson Mandela o en las cimas de los montes.

 

No me busques bajo banderas o estandartes enarbolados por la confusión o los torpes desvaríos…

Búscame bajo la lluvia o acompañado por el viento; búscame bajo los rayos del sol o entre las rocas.

 

No me busques a la derecha del edén ni a la derecha del paraíso…

Búscame a la izquierda del purgatorio o sobre el firmamento; búscame a la izquierda de los campanarios.

 

No me busques junto a los mediocres ni los vociferantes, tampoco me busques tras los manipulados…

Búscame por los caminos de los peregrinos; búscame en los senderos, caminando con mis amigos, donde no existen banderas ni estandartes; donde solamente hay lindes, veredas, valles y montes; donde los diferentes y los iguales se sonríen, se saludan y se desean ¡buen camino!

No me busques por las cunetas del olvido ni del tiempo perdido…

Búscame en las orillas de los ríos, en los prados verdes y en los bosques de eucaliptos.

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Leyenda…

Este fin de semana pasado, al igual que el anterior en el que, valientemente, compitieron las chicas del equipo cadete, se ha vivido en Pedro Muñoz unas jornadas memorables e inolvidables de balonmano. Hemos tenido el privilegio de experimentar y compartir una de las fases del campeonato de España. Algo que, en mis cincuenta y siete años de vida, nunca había tenido la suerte de vivir o, al menos, que yo recuerde nunca se había producido tal circunstancia, sobre todo, en los últimos quince o dieciséis años. Ha sido un acontecimiento realmente fascinante y mas, aún, teniendo en cuenta que somos una pequeña población de apenas ocho mil habitantes que ha competido con equipos de ciudades como: Pontevedra, Málaga y un mítico distrito madrileño como Carabanchel.

Tenemos la inmensa suerte y la fortuna de contar en nuestro pueblo con un pequeño grupo de héroes infantiles que, a su corta edad, impregnan la pista de honor, valor, lucha, entrega y disciplina.

Nuestros héroes jugaban en una competición donde solamente uno podía ser el campeón en el pódium. Y, en la que todos, aspiraban a ser campeones en la tierra, en el firmamento y en nuestros corazones. Finalmente, nuestros pequeños héroes no pudieron subir a ese pódium prefabricado al que sube el ganador de la competición. Un pódium que, por supuesto, tiene un gran valor e importancia. Sin embargo, han subido al otro pódium… a ese que se eleva sobre la tierra de sus padres; a ese que está anclado a las raíces de sus ancestros; a ese que se sustenta sobre las ilusiones, las lágrimas, el orgullo y el clamor de un pueblo.

Me siento muy orgulloso de mi hijo Pablo, además de porque es mi hijo, porque es el entrenador de esos pequeños gladiadores. Me siento orgulloso de esos menudos muchachos a los que ha entrenado sin descanso. Y, sobre todo, me siento orgulloso de que esos gigantes, de apenas doce o trece años, sean el futuro de mi pueblo. Perdonadme si en este instante mis lágrimas han humedecido el papel acordándome de Riki, ese mozalbete que traza líneas mágicas por los espacios de la pista. Una magia que no cesa impulsada por otro puñado de mozalbetes como: Carlos Manuel Pliego, Manuel Porrero, Miguel Espinosa, Antonio Olmedo, Manuel Delgado, Carlos Huertas, Victor García, Rubén Font, Joan Manuel Moreno, Rodrigo Casarrubios, Enrique Fernández, Roberto Fecheta, José Ramón López, Arce y Jorge del Olmo.

Quizás, haya quienes piensen que no ha sido para tanto. Una lástima porque la magia únicamente entra en juego en contadas ocasiones y, tal vez, se consuma el tiempo sin que volvamos a sentir su fascinación.

Mi más sincera enhorabuena a esos gladiadores menudos que entraron en la pista como héroes y salieron de ella habiendo forjado una leyenda. Enhorabuena al entrenador y sus colaboradores. Enhorabuena a los padres de esta valiosa generación de futuro para nuestro pueblo. Enhorabuena al balonmano de Pedro Muñoz… mi pueblo.

Notas elevadas al cielo

Alumbrados por decenas de velas que elevan su llama hacía el cielo crepuscular, decenas de pasos silenciosos se abren paso entre la aromática niebla del incienso. Las calles mudas contemplan el paso de penitencia del mayor vía crucis jamás contado.

En el silencio de la noche, en el cual apenas si se puede escuchar el débil golpeo de los faroles nazarenos sobre el asfalto procesional, un delicado eco musical, proveniente de los recovecos de la Ermita de Nuestra Sra. de los Ángeles, se eleva al cielo. Son las ceremoniosas y entorchadas notas musicales dedicadas al penitente por la banda de cornetas y tambores del Cristo de la Columna.

Frágiles sonidos de unos músicos devotos que cobran fuerza hasta los confines del universo.

Enhorabuena “banda de cornetas y tambores del Cristo de la Columna” que habéis dado color, sonido y pasión a la Semana Santa de mi pueblo; de nuestro pueblo. GRACIAS

Ayer fui niño, como tú eres niño hoy

Un día muy lejano. Tal vez, hace demasiado tiempo, yo fui niño. He de decir que tuve una infancia bastante feliz, podría decirse que muy feliz. Como todos los niños del mundo me tuve que enfrentar a mis particulares monstruos y superar más de una pesadilla.
Sobre mí volaban las nubes y el viento, volaban las risas, los llantos, las ilusiones y, en ocasiones, volaba la magia. Sobre mí brillaban los rayos y resonaban los truenos, después volaba el sol y las estrellas.
Sobre mí volaba la infancia y la fantasía.
Hoy tú eres niño y sobre ti vuelan las ilusiones, la esperanza, la fantasía, la magia, la infancia, el sol y las estrellas. Te enfrentas a tus particulares monstruos y superas tus pesadillas. Y ves brillar los rayos y escuchas los truenos. Pero hay un demonio vestido de negro que vuela sobre ti cuando suenan los truenos, cuando brillan los rayos. Y también cuando vuelan el sol y las estrellas.
Es un dominio que jamás podrá impedir el vuelo de tus ilusiones, tus fantasías, tu esperanza, tu infancia y tu magia.
Ese demonio, hoy que soy adulto, me hace llorar por ti, pero no de pena, porque no siento pena por ti, siento admiración y no lloro de pena, lloro de impotencia por no poder hacer mas cosas por ti, por no tener la magia para hacer volar sobre ti únicamente ilusión, esperanza y fantasía, por no poder hacer que para ti, únicamente brillen el sol y las estrellas.
Querido niño que sufres, cada día, al demonio vestido de negro a quien llamamos cáncer. Solo quiero llorar de alegría para que un día lloremos juntos de emoción y sobre nosotros solamente vuele el amor y el futuro.

Lágrimas de felicidad

El pasado día veintisiete de diciembre asistí, junto a mi esposa y mis amigos, al concierto benéfico que cada año, en esta fecha concreta, ofrece Bodegas y Viñedos Verum a través de su orquesta sinfónica Verum. Concierto solidario a favor de diferentes organizaciones solidarias que se ocupan de los más desfavorecidos.
En esta ocasión la orquesta sinfónica Verum nos deleito con la magia de Disney.

Su percusión, viento y metal, nos trasladaron a una atmósfera de fascinación difícil de describir con palabras. Únicamente la música tiene el poder suficiente para transmitir tanta magia, ilusión y fantasía.

Sentado en mi butaca del Teatro Municipal de Tomelloso sentía como mi alma retrocedía en el tiempo y se trasladaba, constantemente, de un universo a otro. La emoción se agitaba en mis entrañas al tiempo que, sobre mi cabeza, volaban sonidos y mundos tan diferentes como mi imaginación era capaz de asimilar e, incluso, inventar. Tan pronto me sentía en un mundo ideal, como a las puertas de un castillo ensombrecido por la desolación o bailando en la sabana africana. O sentía el viento azotando mi rostro en las torres de Notre Dame. Instantes inolvidables que me hacían sentir las miradas inocentes y embelesadas de mis hijos cuando en el salón de mi casa, a través del VHS, se estrenaban aquellos capítulos mágicos de Disney.

La orquesta sinfónica Verum reconvirtió al Teatro de Tomelloso en un universo mágico sobre el que flotaba un cosmos fascinante y fantástico que trasladaba mi alma a la irrealidad más abstracta del subconsciente, construyendo una realidad emocional en el consciente.

Sintonía musical y emocional que en el instante en que la Perla Negra levaba anclas, en Port Royal, para surcar el océano, en el centro cósmico de mi butaca me sentía un autentico pirata. Podía percibir en mi rostro la sal y la espuma de los mares de Jamaica que se mezclaban con las lágrimas de mis ojos al recordar a mis hijos. Abstraído y emocionado miré, a uno y otro lado, miré a donde se encontraba mi esposa; miré a donde se encontraban mis amigos. Respiré aliviado, pues nada importaba si era pirata, villano, príncipe o mendigo, jorobado, capitán o gitano. Allí, en el Teatro de Tomelloso, abducido por la mágica orquestación de la sinfónica Verum, mirando a mi esposa y a mis amigos, mi alma derramaba lágrimas de felicidad.

La fascinación de sorprender

Sorprender o ser sorprendidos, por lo general, resulta apasionante. A menudo, la vida, los acontecimientos o la gente nos sorprenden con multitud de maneras y formas: un soplo de viento, la brisa del mar, la luna llena, un copo de nieve, la lluvia, las estrellas, un beso, una caricia, una mirada, un saludo, una sonrisa, el amor o la amistad. También la panorámica que nos ofrece el horizonte a través del espejo retrovisor de nuestro coche a media mañana, el chasqueo metálico de un tren al cambiar de agujas o una canción.

La sorpresa, al igual que la navidad, es fascinante. Pues la navidad, a pesar de que se repita cada año, a pesar de que se vista en los mismos días, siempre nos sorprende. Porque aunque se vista con la misma magia: las ilusiones y las emociones se renuevan y fluyen por las arterias del universo para liberar el espíritu y desnudar las emociones dejando que afloren los sentimientos. Una extraordinaria confabulación cósmica que nos lleva a levantar las copas y brindar por el trascendental relevo de las estaciones que nos conducen a escuchar las campanadas de nuevos y viejos relojes.

Feliz navidad y nuevo año fascinante

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El pitido final

Cien puertas se abren. Miles de asientos permanecen desnudos y mudos esperando al jubileo espontáneo y fascinante de la afición. Cien bombillas se encienden mientras aguardan a la batalla final entre aguerridos y nobles guerreros.

La atmósfera se impregna de silencio ante la ausencia de los guerreros que, finalmente, no han podido acudir al campo de batalla.

Únicamente sus almas podrán participar en la batalla. Lloran los asientos, se apagan las luces y se encienden cien velas. Y, sin poder escuchar el pitido final, las cien puertas han quedado cerradas.

Escuchemos el silencio porque en él se puede oír el murmullo de las almas.

Descansa en paz Chapecoense

La justicia divina

Hace mucho tiempo; una o dos décadas o, tal vez, el siglo pasado, que cuando no se hallaba, o no se quería hallar, una forma justa de castigar a los malvados, el sentir popular recurría a una filosofía, cuanto menos curiosa, para conformar la impotencia de sus posibilidades para infringir castigo a los malvados, aliviando su espíritu con frases hechas como: “al altísimo no se le puede engañar” o “la justicia divina se ocupará de ellos”. Sin embargo, la mayoría de las veces, los malvados alcanzaban el final de sus días sin haber sido castigados.

Ciertamente, desconocemos si, al final, aquella justicia divina se pudo llegar a aplicar a algunos de los malvados.

En estos tiempos que vivimos de días convulsos y actuaciones que, cada vez más, se alejan del honor y la ética. Son tantos los desmanes de los malvados que no podemos, ni debemos, esperar a la justicia divina.

Quizás, las almas de los malvados, finalmente sean castigadas por una divinidad que desconocemos a la que, desconsoladamente, suplicamos mientras que asistimos a las debilidades de un sistema frustrado por el acogimiento a sagrado de parte de los malvados.

In memorian

Los vientos tibios, casi dormidos en verano, se desperezan en otoño para avivar su intensidad y, con su suave soplo, arrastrar las hojas secas. Sin embargo, ese mismo viento, en ocasiones, pugna por arrastrar, también, alguna que otra hoja verde llena de vigor y fuertemente aferrada a las raíces de la vida.

 

En estos días, un soplo de ese viento otoñal ha elevado hacia el universo de los recuerdos y de la memoria una de las hojas verdes mas hermosas que pendían del árbol de la ilusión, la alegría y la simpatía.

 

El viento se ha llevado a un hombre que no era mi amigo porque nunca habíamos coincidido en ese ámbito, de haberlo hecho, hubiéramos sido grandes amigos porque con él hubiera sido fácil. Éramos conocidos, nos saludábamos al encontrarnos y en su saludo siempre había una gran sonrisa, abierta y limpia.

En más de una ocasión había visitado mi casa para solucionar incidencias con la calefacción, como buen profesional que era.

 

Hoy lo recuerdo pinchando discos en el pub de Germán. Recuerdo a un muchacho menudo, alegre y dicharachero, acariciando la mesa de mezclas para hacer sonar las músicas del momento, sonriendo, constantemente, con una alegría natural y contagiosa.

 

No eras mi amigo, pero así te recordaré siempre. Que descanses en paz, amigo Manolo, allá donde te lleve el soplo tibio del viento de otoño

El hombre cabizbajo

En un apartado rincón de nuestro mundo, se había creado un universo distinto. Un mundo paralelo dominado por un imponente castillo en el que convivían variopintos personajes, entre ellos: Un joven rey, el cual había heredado el trono; un hombre cabizbajo que pretendía ser su mano derecha, un joven, maestro de la confusión, que parecía pretender dar continuidad a esa mano, un impetuoso progresista que pretendía sentarse a la izquierda del rey y un idealista, un tanto aburguesado, con nobles propósitos. Además de otras criaturas de distintas etnias con distintos intereses.
Unas cuantas décadas atrás, el primer rey decidió que aquellos hombres se encargaran de gobernar el universo de su castillo, extendiendo su gobierno a nuestro mundo, al cual, se conectaban muy de vez en cuando, para hablarnos de ambiciosos proyectos y magníficos ideales. Pregonaban, anunciaban y se postulaban regalándonos mágicos ámbitos en los que desarrollarnos bajo su protectorado. Cada cual ofertaba la mejor solución para nuestros problemas intentando regalarnos el más mágico de los caminos por el que continuar persiguiendo el horizonte abierto a la solidaridad, la justicia, la dignidad, la igualdad, la ética y el honor. Cada uno de ellos pretendía ser quien gobernara el universo del castillo y, por ende, nuestro mundo. Sin embargo, precisaban de nuestro apoyo para conseguirlo, pues a pesar de vivir aislados en su propio universo, sobre el castillo regía una magna condición sine qua non, la cual les obligaba a descender a nuestro mundo, normalmente, cada cuatro años al objeto de conseguir el beneplácito mayoritario de los ancianos. La elección secreta que les permitiera gobernar su universo y olvidarse del nuestro hasta los próximos cuatro años.
Históricamente, solamente los hombres pertenecientes a dos etnias, de las que poblaban el universo del castillo, conseguían el beneplácito de nuestro mundo para gobernar. En un tiempo, también hay que decirlo, en el que solían mantener conectados ambos universos durante largo tiempo. Sin embargo, aquello fue cambiando y las conexiones se reducían cada vez mas, hasta que llegó un día en que los ancianos, cansados de tanto olvido e infamia, decidieron otorgar su beneplácito a todos ellos y lo hicieron a favor de los unos y los otros. Realmente no se sabía quienes habían estado mas o menos acertados, el caso es que no se otorgo mayoría a ninguno de los candidatos a gobernar el castillo.
Los personajes del castillo quedaron bastante contrariados al no obtener ninguno de ellos el beneplácito mayoritario para gobernar, por lo que no les quedaba mas remedio que mirarse los unos a los otros para ver en cual de las miradas encontraba mayor complicidad. Las miradas se cruzaban constantemente: en unas se percibía el ceño fruncido, en otras una cierta expectación y en otras una pizca de arrogante indiferencia.
El castillo no podía permanecer demasiado tiempo sin gobierno. Aunque a la vista de los últimos acontecimientos y formas de gobernar, tal pareciera que se mantenía mejor sin gobierno. Una buena mañana el idealista aburguesado decidió tomar la iniciativa para erigirse en gobernante invitando a los otros a apoyarle. El hombre cabizbajo se mostró muy crítico, demagógico e insultante ante la invitación, mientras que los otros parecieron dispuestos a intentarlo suscitando una interesante interrogante, pues, en este caso, al no haber obtenido el beneplácito mayoritario de los ancianos, precisaban alcanzar ese beneplácito entre ellos mismos.
El hombre cabizbajo, tras criticar e insultar al aburguesado, enmudeció y se mantuvo agazapado en la trinchera de su mediocridad y su desinterés por nuestro mundo, además, era un hombre señalado por presuntas irregularidades cometidas por otras criaturas de su propia etnia, incluso por el mismo. Irregularidades que perjudicaban, seriamente, a nuestro universo.
El impetuoso progresista, con la sangre demasiado revolucionada, fundamentalmente, por su juventud y sus ansias de reformar la forma de vida de ambos universos, terminó enrrabietado y enfrentado al aburguesado. A quien, únicamente, intento apoyar el maestro de la confusión, el cual, presuntamente, estaba mas cerca del cabizbajo que de ningún otro, apoyos que critico duramente el hombre cabizbajo el cual, únicamente, salía de su trinchera para criticar y decir tonterías.
El rey les invitó a reconciliarse y entenderse, pero fue en vano, sobre todo por el hombre cabizbajo que continúo atrincherado y frotándose las manos a la espera del descalabro del idealista aburguesado, al cual había que reconocerle la valentía de intentar dotar al castillo de un gobierno.
Al rey no le quedo mas remedio que desistir y proclamar una nueva convocatoria a los ancianos de nuestro mundo para que facilitaran un nuevo beneplácito a los personajes del castillo.
Los ancianos asumieron la nueva convocatoria con resignación, desconcierto y una cierta ofuscación. Sin embargo, no les quedaba mas remedio si pretendían instaurar, en el castillo, un gobierno que conectara, asiduamente, ambos universos.
Cada uno de los personajes del castillo y sus etnias, intentaban disculparse de una manera creíble y positiva para sus intereses particulares. Aunque los ancianos habían quedado bastante escamados por sus maneras de comportarse, sobre todo con aquel que se había mantenido criticando y diciendo tonterías desde la trinchera, sobre quien se presumía que recibiría un fuerte castigo y desplante por su talante cobarde y mezquino.
Finalmente llegó el día en el que los ancianos habrían de volver a facilitar su beneplácito a los personajes del castillo y parte de sus etnias, un día en el que, mas que nunca, ambos universos se mantenían fuertemente conectados, pues en los tiempos actuales, tras una gran oscuridad que invadió nuestro mundo, no se concebía otra manera de dotar de gobierno al castillo.
Una vez fue conocido el beneplácito de los ancianos, cundieron la desolación, el desconcierto y la incredulidad. ¿Cómo era posible que el hombre cabizbajo, aquel que, cobardemente, se mantuvo en la trinchera mientras que los demás intentaban facilitar la convivencia de ambos universos, hubiera aumentado los beneplácitos? Aunque con ello no consiguiera nada mas que continuar tal como estábamos. ¿Qué sin razón dominaba el consciente y el subconsciente de los ancianos para tal desatino?
El rey también se mostraba bastante perplejo por los acontecimientos y por el demasiado tiempo sin gobierno en el castillo. Nuevamente los personajes y sus etnias estaban condenados a cruzarse las miradas. Se mascaba la incógnita de como reaccionaria, en esta ocasión, el hombre cabizbajo. Algunos ancianos se preguntaban si volvería a atrincherarse en su desidia y cobardía o si, finalmente, daría la cara, mas, aún, teniendo en cuenta que las presunciones de irregularidades sobre sus etnias se multiplicaban con cada día que salía y se ponía el sol.

Finalmente el hombre cabizbajo salió de su trinchera aludiendo al interés general, como si hasta entonces no hubiera existido tal interés, sorprendiendo, tristemente, a ambos universos con los apoyos del joven maestro de la confusión, si bien, la dificultad se fundamentaba, principalmente, en saber hasta que punto se arrimaría a la derecha aquel joven, a quien ahora los ancianos habían conocido mejor.

El joven maestro de la confusión se había desprendido de la chistera para pronunciar unas simples palabras “ahora me ves”.